Lo provechoso (kusala) y lo prejudicial (akusala)
Dado que la enseñanza del Buda Gotama no estuvo centrada en una metafísica, sino en una búsqueda de liberación a través de la valorización de las capacidades psíquicas y prácticas de la vida humana. Por eso, el budismo crea el mundo moral de su tiempo, creando una ética que luego influirá en toda Asia.
Para Gotama el Buda, sino no existe un Dios creador y si no existe un “yo”, entonces la vida humana todavía puede tener valor y dignidad. Su aparente negación encierra una afirmación de las potencialidades humanas. Para desarrollar dichas potencialidades, en el plano ético-práctico distinguió tres raíces de lo provechoso y de lo perjudicial, que desde occidente se lo identifican con tres raíces del bien y del mal, perdiendo así algo del sentido budista.
Las tres raíces de lo perjudicial son: ignorancia, inercia (moha), aversión, odio (dosa) y deseo, avidez (lobha). Estas tres raíces también son llamadas los tres fuegos, dado que consumen la vida humana. Veamos un texto budista que nos especifica cuáles son esos actos perjudiciales:
“A medida que el discípulo, amigos, va comprendiendo qué es lo perjudicial y cuáles raíces tiene; a medidas que va comprendiendo qué es provechoso y cuáles raíces tiene, asimismo va igualmente formándose Recta Opinión y atendiéndose a la enseñanza con perfecta confianza.
¿Qué es, pues, amigos, lo perjudicial y cuáles son sus raíces?
Actos corporales
1. Destruir a un ser viviente es perjudicial.
2. Apropiarse de lo que no os han dado es perjudicial.
3. Abusar de los placeres sensuales es perjudicial.
Actos vocales
4. Mentir es perjudicial.
5. Chismear es perjudicial.
6. Decir groserías es perjudicial .
7. Decir frivolidades es perjudicial.
Actos mentales
8. La codicia es perjudicial.
9. la malevolencia es perjudicial.
10. Las opiniones erróneas son perjudiciales.
He aquí lo que llamamos perjudicial.
Y ¿cuáles son, amigos, las raíces de lo perjudicial? La avidez (lobha) es una, el odio (dosa) es otra, y la ofuscación (moha) es otra. He aquí las tres raíces de lo perjudicial.”
Esta ética práctica enfoca su atención en tres áreas importantes de la vida humana: el cuerpo, el lenguaje y la mente, a través de los cuales se puede causar daño a uno mismo como a los demás o se puede beneficiar a uno mismo y a los demás. Ahora veamos el contenido de los actos provechosos, en realidad constituyen las negaciones de los anteriores.
“Y ¿qué es, amigos, lo provechoso?
Actos corporales
1. No destruir a ningún ser viviente es provechoso.
2. No apropiarse de lo que no os han dado es provechoso.
3. No abusar de los placeres sensuales es provechoso.
Actos vocales
4. No mentir es provechoso.
5. No chismear es provechoso.
6. No decir groserías es provechoso.
7. No decir frivolidades es provechoso.
Actos mentales
8. No codiciar es provechoso.
9. No malquerer es provechoso.
10. No tener opiniones erróneas son provechoso.
He aquí lo que llamamos provechoso.
Y ¿cuáles son, amigos, las raíces de lo provechoso? El desinterés es una, la benevolencia es otra, y el conocimiento es otra. He aquí las tres raíces de lo provechoso.” (Majjhima Nikaya, 9)
Estos tres medios (cuerpo, lenguaje y mente) reciben su especificación moral de dos fuentes: por un lado, por el criterio de perjudicial o provechoso a la vida humana, lo cual requiere una especial atención y cuidado a uno mismo y a la otra persona; por otro lado, está la voluntad, el querer hacer lo que es provechoso y rechazar lo perjudicial.
“Yo os digo, monjes, que la voluntad es el kamma, pues es cuando queremos algo que actuamos de pensamiento, palabra u obra.
El fruto que arrojan ciertos actos son los sufrimientos infernales; otros llevan a una de animal, o de espíritu sufriente (petta), o de ser humano, o a una existencia en esferas celestiales.
Yo os digo que los actos maduran de tres maneras: bien en la misma vida que estáis viviendo ahora, o en la existencia que la sigue inmediatamente, o en una existencia ulterior.” (Anguttara Nikaya, 6.63)
Desde la ética budista, y reformulando la tradición india, los actos (que no se reducen a los actos corporales, sino también mentales y vocales) no terminan con su ejecución sino dejan semillas que luego madurarán, trayendo consecuencias para quienes lo realizaron. Esta es una necesidad a la que nadie puede escapar. Y es que al no haber una esencia humana, los hombres se van constituyendo a través de sus actos, por eso son propietarios y herederos de ellos.
“Los seres son dueños de sus actos, herederos de sus actos, hijos de sus actos; están sujetos a sus actos, dependen de sus actos; todo acto que cometan, sea bueno, sea malo, de aquel acto heredarán.” (Anguttara Nikaya, 10. 206)
En síntesis es la voluntad inteligente la que haría actuar correctamente al ser humano, una voluntad no determinada por los contenidos mentales sino por una clara percepción de lo que es. Por eso es clásico dentro del mundo budista la purificación de la mente como una de las tareas principales del hombre.
“El no hacer ningún mal, la realización del bien, la purificación de la propia mente: éste es el mensaje de los budas.” (Dhammapada, nª183)
Sutra del amor
Esta ética negativa del budismo también contiene un lado positivo, es decir, afirmativo de la vida, lo cual requiere que una buena voluntad acompañada de nobles sentimientos. Sin duda, el textos representativo de esta moral positiva del budismo es el Metta sutta, denominada el Sutra del amor, que compara la actitud del hombre benevolente con la de una madre que expresa su amor hacia todos los seres acompañado de una “correcta comprensión”, es decir, de una mirada limpia hacia el otro:
“El que practica el amor y quiere alcanzar ese sereno estado debe actuar de la siguiente manera:
Ha de ser capaz y honesto, perfectamente honesto, hablar noblemente, ser gentil y humilde.
Mostrarse contento y ser fácil de contentar, tener pocos deberes y correctos medios de vida, controlar sus sentidos, ser discreto, sin insolencia y carecer de codicia con las familias.
No ha de andar tras las cosas sin importancia, para no ser censurado por otros hombres sabios. !Que todos los seres sean felices y estén en paz! !Que sus corazones estén contentos!
Que todos los seres, sean móviles o inmóviles, largos o altos, o medianos, finos o bastos, visibles o invisibles, lejanos o cercanos, nacidos o por nacer, que todos ellos sean felices.
Que nadie engañe a nadie, que nadie en ningún sitio desprecie a nadie, que nadie desee el mal de nadie, ni por la cólera ni por el odio.
Que cultive un sentimiento ilimitado de amor hacia todos los seres, tal como protege la madre a su único hijo, aún a costa de su propia vida.
Que sus pensamientos de amor ilimitado penetren el mundo entero: de arriba hacia abajo y al través, sin obstrucción alguna, sin odio, sin enemistad.
Que no deje de estar alerta siempre, parado o sentado, caminando o echado; y que cultive siempre este pensamiento. Este es, dicen, la morada de Brahman en la tierra.
Sin caer en el error, siempre virtuoso y dotado de la correcta comprensión, descartando todo apego a los deseos de los sentidos, no ha de volver jamás a ser concebido en una matriz.” (Sutta Nipata, 143-152. Karaniya Metta Sutta. Winternitz, p. 83-84)
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domingo, 1 de febrero de 2009
La actitud mental budista
Rechazo de la metafísica
Gotama el Buda es llamado el “Gran Doctor para los males del mundo”, lo cual indica que la actitud del fundador no fue especular sobre temas metafísicos. La actitud del Buda fue particular porque los religiosos indios tienen inclinación a la reflexión, a la abstracción sobre los grandes temas metafísicos: Dios, alma y mundo. Ante este ambiente religioso-intelectual, la actitud de Gotama el Buda fue práctica, pero nunca llegó al pragmatismo como para no buscar la verdad. Es decir, nunca el criterio de verdad fue la práctica sino el conocimiento intuitivo de la realidad de las cosas.
Uno de los suttas nos presenta un diálogo con el asceta Potthapada, quien le hizo las siguientes preguntas:
- ¿Es el mundo eterno?
- ¿No es el mundo eterno?
- ¿Es el mundo finito?
- ¿Es el mundo infinito?
- ¿Es el alma lo mismo que el cuerpo?
- ¿Es el alma una cosa y el cuerpo otra?
- ¿Es la conciencia el alma del hombre, o una es diferente de la otra?
- ¿Vive otra vez después de la muerte aquel que logró la verdad?
- ¿No vive otra vez después de la muerte?
- ¿Vive otra vez y no vive otra vez después de la muerte?
- ¿No vive otra vez ni tampoco vive otra vez después de la muerte?
A cada una de estas preguntas el Buda dio la misma respuesta:
“Esto, Potthapada, es asunto sobre el cual no he expresado opinión alguna.”
Potthapada replicó:
“¿Por qué el Exaltado no ha expresado opinión alguna acerca de eso?”
“Esta cuestión no está calculada para dar provecho, no concierne al Dhamma, no contribuye siquiera a los elementos de recta conducta, ni al desapego, ni a la purificación de la lujuria, ni a la quietud, ni a la tranquilización del corazón, ni al verdadero conocimiento, ni a la intuición interior de las más elevadas etapas de la Senda, ni al Nirvana. Por esta razón no expreso opinión acerca de ella.”(“Potthapada Sutta”, en Humphreys. La sabudiría del budismo, ps. 55-57)
Las mismas preguntas fue hecha por uno de sus discípulos llamado Malunkyaputta, quien pensó dejar la orden si el Buda no respondía. Gotama el Buda le dijo que cuando se hizo monje nunca le prometió responder esas cuestiones. Y le da una parábola para que entendiese la razón:
“Supón, Malunkyaputta, que un hombre ha sido herido por una flecha envenenada y, siendo llevado al cirujano por sus amigos y parientes, diga: “No permitiré que me extraigan esta flecha hasta que yo sepa quién la disparó: si un castrilla (casta de los guerreros), un brahmán (casta sacerdotal), un vaisya (casta de los comerciantes y agricultores) o un sudra (casta baja); cuál es su nombre personal, cuál su nombre de familia; si es alto, bajo o de estatura mediana; cuál es el color de su tez; de qué villa, pueblo o ciudad viene. No permitiré que se extraigan esta flecha hasta que yo sepa con qué clase de arco fue disparada; qué clase de pluma se utilizó en la flecha y de qué material era la punta de ésta.” ¿Cómo terminaría esto, Malunkyaputta? El hombre moriría sin saber todas estas cosas.” (“Cula-Malunkya-sutta”, nº 63 del Majjhima Nikaya. Citado por W. Rahula, Lo que el buddha enseñó, ps. 31-34)
Luego continua el texto diciendo que el Buda ha enseñado las Cuatro Nobles Verdades porque esa conduce a la recta conducta, al desapego, a la paz interior, al Nirvana. Como se aprecia, el Buda no era un agnóstico –como hubo en su tiempo hasta el punto de suspender todo juicio- sino como médico, daba el remedio adecuado y no realizaba una exposición de la medicina. Una vez el Buddha, luego de tomar un manojo de hojas de sinsapa, dijo a los monjes:
“¿Qué pensáis, hermanos? ¿Qué es más, estas pocas hojas de sinsapa que tengo en la mano, o las que están en el bosquecillo de sinsapa?”
“Escasas por el número, Señor, son esas hojas de sinsapa que están en la mano del Exaltado; mucho mayores por el número son aquellos que están arriba en el bosquecillo de sinsapa.”
“Así es, hermanos, esas cosas que conozco por mi super-conocimiento, pero que no he revelado, son muchos mayores por el número que aquellas cosas que he revelado. ¿Y por qué, hermanos, no las he revelado? Porque, hermanos, no conducen al provecho, no conciernen a la vida santa, no tienden a la repulsión, a la cesación, a la calma, al super-conocimiento, a la perfecta sabiduría, al Nibbana. Es por eso que no las he revelado.” (Citado por Humphreys. La sabudiría del budismo, ps. 58)
Ausencia de Autoridad
El conocimiento que había logrado Gotama el Buda no lo hacía una autoridad. El mismo constantemente motiva a sus discípulos a buscar la verdad por sí mismos. El texto más representativo es el Sutta de los Kalamas.
Los kalamas dijeron al Buda:
- “Señor, algunos samanes y brahmanes vienen a Kesamutta. Ellos elustran, aclaran su propia doctrina, pero critican, desprecian, menosprecian, desestiman las doctrinas opuestas. Y luego, Señor, vienen otros samanes y brahmanes a Kesamutta. Ellos también ilustran, aclaran su propia doctrina, pero critican, desprecian, menosprecian, desestiman las doctrinas opuestas. Y en nosotros, Señor, surge la duda, surge la incertidumbre: ¿Quién de estos venerables samanes y brahmanes dice la verdad, quién miente?”
El Buda les dijo:
- “Es natural que tengáis dudas, oh Kalamas, es natural que tengáis incertidumbres. Vuestra incertidumbre ha surgido con relación a un tema que es objeto de duda. No os guiéis, oh Kalama, por lo que oís ni por la tradición ni por lo que se dice ni por el dominio de los textos ni por el solo razonamiento ni por la sola inferencia ni por la sola reflexión sobre las causas ni por la obsecuente aceptación de una teoría ni por su conveniente apariencia ni pensando que el samán que las dice es vuestro maestro. Cuando vosotros, oh Kalamas, por vosotros mismos lleguéis al conocimiento de que estas cosas cosas son malas, estas cosas son criticables, estas cosas son censuradas por los que saben, y que estas cosas, realizadas y llevadas a cabo, redundan en mal y en sufrimiento, entonces vosotros, oh Kalamas, debéis rechazarlas.” (Sutra de los Kalamas, Anguttara Nikaya 3,7,5. Trad. Carmen Dragonetti. Revista de estudios budistas. Año 1, Nº2, México_Buenos Aires. 19 )
Búsqueda de la verdad
Los textos anteriores nos indican entonces que la verdad debe ser buscada por uno mismo, nadie nos la puede dar. El Buda indica que él no puede dar la verdad porque tiene que ser vivenciada, descubierta por uno mismo. Una vez los monjes escucharon que unas personas hablaban mal y otros bien del Buddha, de la Doctrina, de la Comunidad. Entonces, él les dijo:
“Oh bhikkhus, si otros hablan mal de mí, hablan mal de la Doctrina, hablan mal de la Comunidad, con ello vosotros no debéis sentir enojo ni descontento ni cólera...esto constituiría para vosotros un obstáculo. Oh bhikkhus si otros hablan mal de mí, de la Doctrina, hablan mal de la Comunidad y si con ello vosotros os enojaseis o estuvierais desagradados, ¿podríais vosotros daros cuenta de qué está bien o qué está mal en lo dicho por los otros?”
“No, Señor.”
“Oh bhikkhus, si otros hablan mal de mí, hablan mal de la Doctrina, hablan mal de la Comunidad; entonces vosotros debéis distinguir lo falso como falso, de esta manera: ‘Esto es falso, esto no es verdadero, esto no existe en nosotros, esto no se da en nosotros’.” (Brahmajalasutta del Digha Nikaya I,1. Trad. C. Dragonetti, Diálogos mayores de Buda, p. 34)
Desapego de la doctrina
La tolerancia con respecto a las opiniones de los demás, se basa tanto en la búsqueda de la verdad como en el desapego de la verdad. La enseñanza budista no es una doctrina que proporcione seguridad intelectual o que proporcione una respuesta a todas las preguntas, sino es un medio para lograr una meta, para llegar a la otra orilla.
Al respecto es famosa la parábola de la balsa: si un hombre construye una balsa para cruzar un peligroso río y luego de cruzar el río el hombre carga la balsa sobre sus espaldas porque le fue útil, ese hombre no obraría apropiadamente con la balsa.
“¿Cómo obraría él apropiadamente con la balsa? Suponed que luego de haber llegado a la otra orilla, él pensara: “Esta balsa me fue muy útil; con su ayuda e impulsándome con mis manos y mis pies llegue a esta orilla del río. En consecuencia, justo sería que la abandone en la playa o la amarre a la costa dejándola flotar y después continúe libremente mi camino”. Procediendo así, ese hombre obra apropiadamente con la balsa.
De la misma manera, oh bhikkhus, he enseñado una doctrina que se asemeja a una balsa –ella es (también) para alcanzar la otra orilla, y no para retenerla (lit. “apegarse a ella”).” (Majjhima Nikaya I, citado por W. Rahula. Lo que el Buddha enseñó, ps. 29-30)
BIBLIOGRAFÍA
DRAGONETTI, Carmen, Digha Nikaya. Diálogos mayores de Buda.
Caracas, Monte Avila Editores, 1977.
HUMPHREYS, Christmas. La sabiduría del budismo.
Buenos Aires, Kier, 1977.
RAHULA; Walpola. Lo que el Buda enseñó.
Buenos Aires, Kier, 1978.Revista de estudios budistas. Año 1, Nº2, México - Buenos Aires.
Gotama el Buda es llamado el “Gran Doctor para los males del mundo”, lo cual indica que la actitud del fundador no fue especular sobre temas metafísicos. La actitud del Buda fue particular porque los religiosos indios tienen inclinación a la reflexión, a la abstracción sobre los grandes temas metafísicos: Dios, alma y mundo. Ante este ambiente religioso-intelectual, la actitud de Gotama el Buda fue práctica, pero nunca llegó al pragmatismo como para no buscar la verdad. Es decir, nunca el criterio de verdad fue la práctica sino el conocimiento intuitivo de la realidad de las cosas.
Uno de los suttas nos presenta un diálogo con el asceta Potthapada, quien le hizo las siguientes preguntas:
- ¿Es el mundo eterno?
- ¿No es el mundo eterno?
- ¿Es el mundo finito?
- ¿Es el mundo infinito?
- ¿Es el alma lo mismo que el cuerpo?
- ¿Es el alma una cosa y el cuerpo otra?
- ¿Es la conciencia el alma del hombre, o una es diferente de la otra?
- ¿Vive otra vez después de la muerte aquel que logró la verdad?
- ¿No vive otra vez después de la muerte?
- ¿Vive otra vez y no vive otra vez después de la muerte?
- ¿No vive otra vez ni tampoco vive otra vez después de la muerte?
A cada una de estas preguntas el Buda dio la misma respuesta:
“Esto, Potthapada, es asunto sobre el cual no he expresado opinión alguna.”
Potthapada replicó:
“¿Por qué el Exaltado no ha expresado opinión alguna acerca de eso?”
“Esta cuestión no está calculada para dar provecho, no concierne al Dhamma, no contribuye siquiera a los elementos de recta conducta, ni al desapego, ni a la purificación de la lujuria, ni a la quietud, ni a la tranquilización del corazón, ni al verdadero conocimiento, ni a la intuición interior de las más elevadas etapas de la Senda, ni al Nirvana. Por esta razón no expreso opinión acerca de ella.”(“Potthapada Sutta”, en Humphreys. La sabudiría del budismo, ps. 55-57)
Las mismas preguntas fue hecha por uno de sus discípulos llamado Malunkyaputta, quien pensó dejar la orden si el Buda no respondía. Gotama el Buda le dijo que cuando se hizo monje nunca le prometió responder esas cuestiones. Y le da una parábola para que entendiese la razón:
“Supón, Malunkyaputta, que un hombre ha sido herido por una flecha envenenada y, siendo llevado al cirujano por sus amigos y parientes, diga: “No permitiré que me extraigan esta flecha hasta que yo sepa quién la disparó: si un castrilla (casta de los guerreros), un brahmán (casta sacerdotal), un vaisya (casta de los comerciantes y agricultores) o un sudra (casta baja); cuál es su nombre personal, cuál su nombre de familia; si es alto, bajo o de estatura mediana; cuál es el color de su tez; de qué villa, pueblo o ciudad viene. No permitiré que se extraigan esta flecha hasta que yo sepa con qué clase de arco fue disparada; qué clase de pluma se utilizó en la flecha y de qué material era la punta de ésta.” ¿Cómo terminaría esto, Malunkyaputta? El hombre moriría sin saber todas estas cosas.” (“Cula-Malunkya-sutta”, nº 63 del Majjhima Nikaya. Citado por W. Rahula, Lo que el buddha enseñó, ps. 31-34)
Luego continua el texto diciendo que el Buda ha enseñado las Cuatro Nobles Verdades porque esa conduce a la recta conducta, al desapego, a la paz interior, al Nirvana. Como se aprecia, el Buda no era un agnóstico –como hubo en su tiempo hasta el punto de suspender todo juicio- sino como médico, daba el remedio adecuado y no realizaba una exposición de la medicina. Una vez el Buddha, luego de tomar un manojo de hojas de sinsapa, dijo a los monjes:
“¿Qué pensáis, hermanos? ¿Qué es más, estas pocas hojas de sinsapa que tengo en la mano, o las que están en el bosquecillo de sinsapa?”
“Escasas por el número, Señor, son esas hojas de sinsapa que están en la mano del Exaltado; mucho mayores por el número son aquellos que están arriba en el bosquecillo de sinsapa.”
“Así es, hermanos, esas cosas que conozco por mi super-conocimiento, pero que no he revelado, son muchos mayores por el número que aquellas cosas que he revelado. ¿Y por qué, hermanos, no las he revelado? Porque, hermanos, no conducen al provecho, no conciernen a la vida santa, no tienden a la repulsión, a la cesación, a la calma, al super-conocimiento, a la perfecta sabiduría, al Nibbana. Es por eso que no las he revelado.” (Citado por Humphreys. La sabudiría del budismo, ps. 58)
Ausencia de Autoridad
El conocimiento que había logrado Gotama el Buda no lo hacía una autoridad. El mismo constantemente motiva a sus discípulos a buscar la verdad por sí mismos. El texto más representativo es el Sutta de los Kalamas.
Los kalamas dijeron al Buda:
- “Señor, algunos samanes y brahmanes vienen a Kesamutta. Ellos elustran, aclaran su propia doctrina, pero critican, desprecian, menosprecian, desestiman las doctrinas opuestas. Y luego, Señor, vienen otros samanes y brahmanes a Kesamutta. Ellos también ilustran, aclaran su propia doctrina, pero critican, desprecian, menosprecian, desestiman las doctrinas opuestas. Y en nosotros, Señor, surge la duda, surge la incertidumbre: ¿Quién de estos venerables samanes y brahmanes dice la verdad, quién miente?”
El Buda les dijo:
- “Es natural que tengáis dudas, oh Kalamas, es natural que tengáis incertidumbres. Vuestra incertidumbre ha surgido con relación a un tema que es objeto de duda. No os guiéis, oh Kalama, por lo que oís ni por la tradición ni por lo que se dice ni por el dominio de los textos ni por el solo razonamiento ni por la sola inferencia ni por la sola reflexión sobre las causas ni por la obsecuente aceptación de una teoría ni por su conveniente apariencia ni pensando que el samán que las dice es vuestro maestro. Cuando vosotros, oh Kalamas, por vosotros mismos lleguéis al conocimiento de que estas cosas cosas son malas, estas cosas son criticables, estas cosas son censuradas por los que saben, y que estas cosas, realizadas y llevadas a cabo, redundan en mal y en sufrimiento, entonces vosotros, oh Kalamas, debéis rechazarlas.” (Sutra de los Kalamas, Anguttara Nikaya 3,7,5. Trad. Carmen Dragonetti. Revista de estudios budistas. Año 1, Nº2, México_Buenos Aires. 19 )
Búsqueda de la verdad
Los textos anteriores nos indican entonces que la verdad debe ser buscada por uno mismo, nadie nos la puede dar. El Buda indica que él no puede dar la verdad porque tiene que ser vivenciada, descubierta por uno mismo. Una vez los monjes escucharon que unas personas hablaban mal y otros bien del Buddha, de la Doctrina, de la Comunidad. Entonces, él les dijo:
“Oh bhikkhus, si otros hablan mal de mí, hablan mal de la Doctrina, hablan mal de la Comunidad, con ello vosotros no debéis sentir enojo ni descontento ni cólera...esto constituiría para vosotros un obstáculo. Oh bhikkhus si otros hablan mal de mí, de la Doctrina, hablan mal de la Comunidad y si con ello vosotros os enojaseis o estuvierais desagradados, ¿podríais vosotros daros cuenta de qué está bien o qué está mal en lo dicho por los otros?”
“No, Señor.”
“Oh bhikkhus, si otros hablan mal de mí, hablan mal de la Doctrina, hablan mal de la Comunidad; entonces vosotros debéis distinguir lo falso como falso, de esta manera: ‘Esto es falso, esto no es verdadero, esto no existe en nosotros, esto no se da en nosotros’.” (Brahmajalasutta del Digha Nikaya I,1. Trad. C. Dragonetti, Diálogos mayores de Buda, p. 34)
Desapego de la doctrina
La tolerancia con respecto a las opiniones de los demás, se basa tanto en la búsqueda de la verdad como en el desapego de la verdad. La enseñanza budista no es una doctrina que proporcione seguridad intelectual o que proporcione una respuesta a todas las preguntas, sino es un medio para lograr una meta, para llegar a la otra orilla.
Al respecto es famosa la parábola de la balsa: si un hombre construye una balsa para cruzar un peligroso río y luego de cruzar el río el hombre carga la balsa sobre sus espaldas porque le fue útil, ese hombre no obraría apropiadamente con la balsa.
“¿Cómo obraría él apropiadamente con la balsa? Suponed que luego de haber llegado a la otra orilla, él pensara: “Esta balsa me fue muy útil; con su ayuda e impulsándome con mis manos y mis pies llegue a esta orilla del río. En consecuencia, justo sería que la abandone en la playa o la amarre a la costa dejándola flotar y después continúe libremente mi camino”. Procediendo así, ese hombre obra apropiadamente con la balsa.
De la misma manera, oh bhikkhus, he enseñado una doctrina que se asemeja a una balsa –ella es (también) para alcanzar la otra orilla, y no para retenerla (lit. “apegarse a ella”).” (Majjhima Nikaya I, citado por W. Rahula. Lo que el Buddha enseñó, ps. 29-30)
BIBLIOGRAFÍA
DRAGONETTI, Carmen, Digha Nikaya. Diálogos mayores de Buda.
Caracas, Monte Avila Editores, 1977.
HUMPHREYS, Christmas. La sabiduría del budismo.
Buenos Aires, Kier, 1977.
RAHULA; Walpola. Lo que el Buda enseñó.
Buenos Aires, Kier, 1978.Revista de estudios budistas. Año 1, Nº2, México - Buenos Aires.
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