domingo, 1 de febrero de 2009

La ética budista

Lo provechoso (kusala) y lo prejudicial (akusala)
Dado que la enseñanza del Buda Gotama no estuvo centrada en una metafísica, sino en una búsqueda de liberación a través de la valorización de las capacidades psíquicas y prácticas de la vida humana. Por eso, el budismo crea el mundo moral de su tiempo, creando una ética que luego influirá en toda Asia.

Para Gotama el Buda, sino no existe un Dios creador y si no existe un “yo”, entonces la vida humana todavía puede tener valor y dignidad. Su aparente negación encierra una afirmación de las potencialidades humanas. Para desarrollar dichas potencialidades, en el plano ético-práctico distinguió tres raíces de lo provechoso y de lo perjudicial, que desde occidente se lo identifican con tres raíces del bien y del mal, perdiendo así algo del sentido budista.

Las tres raíces de lo perjudicial son: ignorancia, inercia (moha), aversión, odio (dosa) y deseo, avidez (lobha). Estas tres raíces también son llamadas los tres fuegos, dado que consumen la vida humana. Veamos un texto budista que nos especifica cuáles son esos actos perjudiciales:

“A medida que el discípulo, amigos, va comprendiendo qué es lo perjudicial y cuáles raíces tiene; a medidas que va comprendiendo qué es provechoso y cuáles raíces tiene, asimismo va igualmente formándose Recta Opinión y atendiéndose a la enseñanza con perfecta confianza.
¿Qué es, pues, amigos, lo perjudicial y cuáles son sus raíces?

Actos corporales
1. Destruir a un ser viviente es perjudicial.
2. Apropiarse de lo que no os han dado es perjudicial.
3. Abusar de los placeres sensuales es perjudicial.

Actos vocales
4. Mentir es perjudicial.
5. Chismear es perjudicial.
6. Decir groserías es perjudicial .
7. Decir frivolidades es perjudicial.

Actos mentales
8. La codicia es perjudicial.
9. la malevolencia es perjudicial.
10. Las opiniones erróneas son perjudiciales.

He aquí lo que llamamos perjudicial.
Y ¿cuáles son, amigos, las raíces de lo perjudicial? La avidez (lobha) es una, el odio (dosa) es otra, y la ofuscación (moha) es otra. He aquí las tres raíces de lo perjudicial.”

Esta ética práctica enfoca su atención en tres áreas importantes de la vida humana: el cuerpo, el lenguaje y la mente, a través de los cuales se puede causar daño a uno mismo como a los demás o se puede beneficiar a uno mismo y a los demás. Ahora veamos el contenido de los actos provechosos, en realidad constituyen las negaciones de los anteriores.

“Y ¿qué es, amigos, lo provechoso?

Actos corporales
1. No destruir a ningún ser viviente es provechoso.
2. No apropiarse de lo que no os han dado es provechoso.
3. No abusar de los placeres sensuales es provechoso.

Actos vocales
4. No mentir es provechoso.
5. No chismear es provechoso.
6. No decir groserías es provechoso.
7. No decir frivolidades es provechoso.

Actos mentales
8. No codiciar es provechoso.
9. No malquerer es provechoso.
10. No tener opiniones erróneas son provechoso.

He aquí lo que llamamos provechoso.
Y ¿cuáles son, amigos, las raíces de lo provechoso? El desinterés es una, la benevolencia es otra, y el conocimiento es otra. He aquí las tres raíces de lo provechoso.” (Majjhima Nikaya, 9)

Estos tres medios (cuerpo, lenguaje y mente) reciben su especificación moral de dos fuentes: por un lado, por el criterio de perjudicial o provechoso a la vida humana, lo cual requiere una especial atención y cuidado a uno mismo y a la otra persona; por otro lado, está la voluntad, el querer hacer lo que es provechoso y rechazar lo perjudicial.

“Yo os digo, monjes, que la voluntad es el kamma, pues es cuando queremos algo que actuamos de pensamiento, palabra u obra.
El fruto que arrojan ciertos actos son los sufrimientos infernales; otros llevan a una de animal, o de espíritu sufriente (petta), o de ser humano, o a una existencia en esferas celestiales.
Yo os digo que los actos maduran de tres maneras: bien en la misma vida que estáis viviendo ahora, o en la existencia que la sigue inmediatamente, o en una existencia ulterior.” (Anguttara Nikaya, 6.63)

Desde la ética budista, y reformulando la tradición india, los actos (que no se reducen a los actos corporales, sino también mentales y vocales) no terminan con su ejecución sino dejan semillas que luego madurarán, trayendo consecuencias para quienes lo realizaron. Esta es una necesidad a la que nadie puede escapar. Y es que al no haber una esencia humana, los hombres se van constituyendo a través de sus actos, por eso son propietarios y herederos de ellos.

“Los seres son dueños de sus actos, herederos de sus actos, hijos de sus actos; están sujetos a sus actos, dependen de sus actos; todo acto que cometan, sea bueno, sea malo, de aquel acto heredarán.” (Anguttara Nikaya, 10. 206)

En síntesis es la voluntad inteligente la que haría actuar correctamente al ser humano, una voluntad no determinada por los contenidos mentales sino por una clara percepción de lo que es. Por eso es clásico dentro del mundo budista la purificación de la mente como una de las tareas principales del hombre.

“El no hacer ningún mal, la realización del bien, la purificación de la propia mente: éste es el mensaje de los budas.” (Dhammapada, nª183)

Sutra del amor
Esta ética negativa del budismo también contiene un lado positivo, es decir, afirmativo de la vida, lo cual requiere que una buena voluntad acompañada de nobles sentimientos. Sin duda, el textos representativo de esta moral positiva del budismo es el Metta sutta, denominada el Sutra del amor, que compara la actitud del hombre benevolente con la de una madre que expresa su amor hacia todos los seres acompañado de una “correcta comprensión”, es decir, de una mirada limpia hacia el otro:

“El que practica el amor y quiere alcanzar ese sereno estado debe actuar de la siguiente manera:
Ha de ser capaz y honesto, perfectamente honesto, hablar noblemente, ser gentil y humilde.
Mostrarse contento y ser fácil de contentar, tener pocos deberes y correctos medios de vida, controlar sus sentidos, ser discreto, sin insolencia y carecer de codicia con las familias.
No ha de andar tras las cosas sin importancia, para no ser censurado por otros hombres sabios. !Que todos los seres sean felices y estén en paz! !Que sus corazones estén contentos!
Que todos los seres, sean móviles o inmóviles, largos o altos, o medianos, finos o bastos, visibles o invisibles, lejanos o cercanos, nacidos o por nacer, que todos ellos sean felices.
Que nadie engañe a nadie, que nadie en ningún sitio desprecie a nadie, que nadie desee el mal de nadie, ni por la cólera ni por el odio.
Que cultive un sentimiento ilimitado de amor hacia todos los seres, tal como protege la madre a su único hijo, aún a costa de su propia vida.
Que sus pensamientos de amor ilimitado penetren el mundo entero: de arriba hacia abajo y al través, sin obstrucción alguna, sin odio, sin enemistad.
Que no deje de estar alerta siempre, parado o sentado, caminando o echado; y que cultive siempre este pensamiento. Este es, dicen, la morada de Brahman en la tierra.
Sin caer en el error, siempre virtuoso y dotado de la correcta comprensión, descartando todo apego a los deseos de los sentidos, no ha de volver jamás a ser concebido en una matriz.” (Sutta Nipata, 143-152. Karaniya Metta Sutta. Winternitz, p. 83-84)

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